Una reflexión de Alba Brítez basada en el libro “Empresas que sobresalen” de Jim Collins.
En los últimos meses, he estado sumergida en un libro que marcó un antes y un después en mi forma de ver el mundo empresarial: “Empresas que sobresalen”, del autor y profesor Jim Collins. Esta obra no solo analiza por qué algunas empresas logran resultados excepcionales de forma sostenida, sino que ofrece principios profundamente aplicables a nuestra realidad como emprendedores, profesionales independientes o líderes de empresas paraguayas.
A continuación, quiero compartirte algunas lecciones que he aprendido y que hoy forman parte del ADN de mi mirada como consultora financiera y organizacional. No se trata de fórmulas mágicas, sino de verdades que pueden transformar cómo se lidera, se decide y se construye el futuro de una empresa.
1. La excelencia no se improvisa: se construye, paso a paso
Una de las grandes ideas del libro es que el verdadero crecimiento empresarial no ocurre de golpe, sino como resultado de un proceso acumulativo. Collins lo describe como un “volante” que lo hacemos girar con un esfuerzo disciplinado hasta que, con el tiempo, adquiere una fuerza imparable.
¿Qué significa esto en la práctica? Que las decisiones pequeñas, cuando son coherentes y consistentes, tienen un poder acumulativo enorme. La clave no es “hacer mucho”, sino hacer bien, con dirección.
2. El liderazgo silencioso tiene más impacto que el carismático
Las empresas que alcanzaron un nivel excepcional tenían algo en común: un Liderazgo Nivel 5. No se trataba de personas egocéntricas, brillantes o mediáticas, sino de líderes humildes, determinados, obsesionados con el resultado colectivo y no con su imagen.
Este principio me ha inspirado profundamente como profesional: liderar desde la constancia, el criterio y la coherencia, no desde el show.
3. Tener las personas correctas es más importante que tener un plan perfecto
Collins muestra que las grandes empresas no empezaron con estrategias deslumbrantes, sino con las personas adecuadas en el equipo. Personas responsables, comprometidas, capaces de adaptarse y de crecer.
En Paraguay, donde muchas empresas son familiares o informales, este principio es vital: el talento correcto es el verdadero punto de partida.
4. No toda rentabilidad es escalable
Una idea clave que resonó conmigo como contadora es que no basta con que una empresa sea rentable: debe ser escalable. Es decir, su modelo debe permitir crecer sin que los costos o el caos aumenten proporcionalmente.
Esta idea me ayudó a repensar cómo asesorar mejor a mis clientes: no solo a cumplir con el fisco, sino a construir modelos sostenibles, con control y visión.
5. La tecnología no es el motor: es el acelerador
Contrario a lo que muchos creen, ninguna tecnología —por innovadora que sea— puede transformar una empresa mediocre en una excelente. Solo acelera lo que ya está funcionando bien.
Personalmente, en mi práctica profesional uso herramientas tecnológicas, pero con foco estratégico. La tecnología debe estar al servicio de la disciplina, el propósito y la visión.
6. El concepto del erizo: foco, claridad y autenticidad
Uno de los conceptos más poderosos del libro es el del “erizo”: encontrar ese punto en el que se cruzan tres cosas fundamentales:
- Lo que más te apasiona
- Lo que hacés mejor que nadie
- Lo que puede sostener tu economía
Este principio guía hoy mi propio camino de independencia: no quiero ser una profesional que hace de todo. Quiero hacer aquello donde soy realmente útil y transformadora.
Cierro con esta frase que quedó grabada en mí:
“La verdadera falta no es fracasar, sino conformarse con menos de lo que se puede lograr.”
Si estás al frente de una empresa —pequeña o grande— o liderás un proyecto, te invito a mirar más allá del “cumplir”. La verdadera excelencia es posible, y está al alcance de quienes deciden construir con sentido, un giro del volante a la vez.

